Entre las complicaciones que se pueden producir tras un aumento mamario con prótesis está la contractura capsular. De hecho, es la complicación más frecuente en este tipo de intervenciones, pero… ¿a qué nos referimos exactamente?
Cuando colocamos una prótesis, el cuerpo reacciona construyendo una fina cicatriz alrededor, envolviéndola en su totalidad. Está cápsula, que se produce siempre, es la manera que tiene el organismo de “aislar” a algo que entiende extraño.
Si esta cápsula deja de ser fina, se convierte en una “cicatriz” más gruesa y se contrae, se produce lo que denominamos “contractura capsular”.

¿Por qué ocurre?

Aún no se sabe con certeza que la produce. Se cree que su origen es multifactorial, aunque existen dos teorías que intentan explicar su formación, la infección subclínica y la formación de una cicatriz hipertrófica capsular por irritación por seroma, hematoma o la silicona de la cápsula.
Se ha relacionado con un menor índice de contractura las prótesis texturadas, la colocación en un plano submuscular, la irrigación del bolsillo con antibióticos, evitar manipular con los guantes la prótesis, la vía de abordaje submamaria, las prótesis rellenas de suero salino y las prótesis cubiertas de poliuretano

Es la complicación más frecuente en la mamoplastia de aumento. Se han publicado muchas series con diferentes resultados por lo que es difícil saber el porcentaje real global y actualmente se acepta, de una forma arbitraria, una incidencia entre el 5 y el 20%. 

Dependiendo de fuerza de contractura la mama se siente dura y aparecen molestias en la zona. Si avanza y se hace más importante puede llegar a una deformidad severa y a producir dolor.
La clasificación más utilizada por los cirujanos plásticos para describir la dureza de la contractura es la descrita por Baker. Según la cual el grado I no tiene cápsula palpable, el dos presenta una mínima firmeza que aunque se siente algo más dura continua teniendo una apariencia natural, el tres presenta algo de distorsión y el implante se palpa fácilmente y el cuatro corresponde a una contractura severa con una dureza importante, distorsión marcada y dolor.

Los grados III y IV (de la clasificación de Baker) por lo general requieren tratamiento quirúrgico. 
Podemos romper la capsula quirúrgicamente en varias partes para relajar esa contractura. Esta técnica recibe el nombre de capsulotomía y es útil en capsulas tempranas, para la corrección de asimetrías y en pacientes con una cobertura cutánea muy fina en las que un extirpación total de la cápsula podría llevar a un daño de los tejidos.
En los casos en que la contractura es severa se requerirá la extirpación parcial o total de la cápsula, es lo que denominamos capsulectomía. En muchas ocasiones, a la técnica anterior se añade la colocación del implante en otro “plano”, por ejemplo, si esta subglandular se crea un nuevo bolsillo submuscular.

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