Enfermedades y alteraciones: Anorexia. Síntomas, causas y tratamientos de Anorexia

ANOREXIA: LA FUNCIÓN DEL RECHAZO Y LA PÉRDIDA

Líneas para un tratamiento desde la perspectiva psicoanalítica 

Descripción clínica

La anorexia nerviosa se describe clásicamente como un síndrome compuesto por la tríada: amenorrea, pérdida del apetito y adelgazamiento. Se la relaciona en forma prevalente con la pubertad, adolescencia y con una mayor frecuencia en el sexo femenino. A consecuencia del rechazo de la comida se suelen desencadenar una serie de síntomas físicos, derivados de la pérdida importante de peso, de la deficiente nutrición y/o de los episodios bulímicos. También se agregan al cuadro clásico fenómenos de comportamiento tales como: distorsión en la percepción de la imagen corporal, represión de la sexualidad, pobreza imaginativa, depresión y tendencia al suicidio.

Actualmente, la anorexia plantea multitud de interrogantes a la medicina, al discurso sociocultural y a las distintas terapéuticas que de ella se ocupan: ¿por qué su incidencia es mayor en mujeres adolescentes? ¿por qué queda trastornada la percepción del propio cuerpo? ¿por qué la muerte no es un horizonte rechazable para la anoréxica? ¿por qué no puede poner un límite a su dejar de comer y a su delgadez? ¿qué es lo que la anorexia expresa personalmente y denuncia socialmente?

El discurso sociocultural explica, en un relación lineal de causa-efecto, la extensión y emergencia del síntoma a partir de la presión que ejercen los modelos e ideales de belleza imperantes, pero si la anorexia puede entenderse como un síntoma social es porque representa el cuestionamiento, aunque sea sintomático, no tanto del contenido más o menos implícito en los valores y modelos sociales acerca de la feminidad, sino porque cuestiona el hecho de que la imagen emitida y reiterada en torno a lo que debe ser una mujer (y en contrapartida, un hombre) pretenda dar cuenta de la singularidad de cada sujeto.


Tratamientos e intervenciones terapéuticas

Desde la medicina, hay coincidencia en afirmar que la causa de la anorexia es desconocida y, en consecuencia, sólo se conocen tratamientos inespecíficos o sintomáticos. En los manuales de psiquiatría es clasificada como un trastorno de la conducta alimentaria y, por eso, el tratamiento se dirige a conseguir que la paciente recupere su peso normal.

En cuanto a la manifestación de la amenorrea, casi todos los clínicos coinciden en señalar que tratarla por medios químicos sólo produce efectos indeseables, puesto que la metrorragia así conseguida es recibida por la paciente como una pesada carga, que se acompaña de angustia y rechazo, provocando pérdida de confianza en el médico. Efectos similares provoca el hecho de forzar a comer o centrar el vínculo terapéutico en el objetivo de que la paciente coma, puesto que ese forzamiento no hace más que reproducir las condiciones que han creado el síntoma.

Es importante tomar en cuenta que los casos graves, que requieren una intervención clínica de urgencia, son excepcionales. Por lo general, el recorrido hasta llegar a las complicaciones tardías (que conllevan un abandono prolongado y casi absoluto del paciente) es largo y da mucho tiempo para investigar y actuar. El diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno evitan estas complicaciones y señalan la importancia de contar con un apoyo psicológico que permita a la anoréxica intentar entender su situación.

El modelo de intervención psicoterapéutica propuesta, fundamentada en la teoría psicoanalítica, considera la anorexia no como una entidad clínica por sí misma sino como un síntoma que es portador de un sentido, es decir, como un insistente lenguaje cifrado del que hay que liberar la palabra del deseo. El hecho de considerar la anorexia no como una entidad clínica sino como un síntoma, libera también a quien escucha, al profesional, de la necesidad de imponer a la paciente exigencias, ideales o normalidades. Desde esta perspectiva, la intervención terapéutica apunta a la posibilidad de interesarse por descifrar el enigma que presenta cada anoréxica con su padecimiento y de preguntarse qué hay más allá de los tratamientos coercitivos y de los intentos por readaptar lo desviado de la norma común.


Definición estructural

De forma sintética, se puede apuntar una definición estructural: la anoréxica muestra a través de su síntoma la confusión o superposición entre el campo de la necesidad y el campo del deseo, entre el hambre y el amor. La paciente anoréxica está sumida en una estructura familiar congelada donde no circula la palabra de deseo, donde históricamente cada vez que el sujeto preguntaba por su deseo se le respondía con una necesidad o con una norma. La anoréxica (o el anoréxico) no tiene la menor idea de que pueda tener una idea propia; su dificultad está en digerir ideas, en recibir algo que cause su deseo, su curiosidad. El síntoma de la anorexia traduce, representa el cuestionamiento de esta posición: si, por un lado, plantea el acatamiento feroz a la norma por medio del férreo control que ejerce sobre su cuerpo, a la vez, en esa misma asunción extrema de la norma, la anoréxica está mostrando una tentativa de constitución de un deseo propio. El rechazo de la comida, de la menstruación, de la sexualidad, el rechazo de ser un cuerpo a nutrir, es la única manera que encuentra de afirmarse como sujeto deseante, de afirmar su existencia más allá de la biología, del organismo. La falta de apetito no pide entonces la satisfacción de una necesidad sino que es un apetito, un anhelo de otra cosa.

Rechazo y pérdida, dos elementos entrañados en las manifestaciones sintomáticas de la anorexia, que representan el afán por cuidar, por salvaguardar aquello que es más propiamente humano: el vínculo con el deseo, con lo inútil, con lo improductivo. El deseo está asentado en la función de la pérdida: se pierde la necesidad, la realidad animal, constituyendo sobre la base de dicha pérdida la realidad como psíquica. La realidad humana está hecha de deseo, se rige por leyes propias, y la satisfacción el sujeto la encuentra en el símbolo.


La familia

En la familia de la anoréxica se escucha esta dificultad en la circulación del deseo en tanto presencia viva de lo diferente, de lo nuevo, de lo no contemplado por el estereotipo. En el discurrir familiar de la anoréxica se cuida el campo de la seguridad, esto es, lo conocido, la educación, la voluntad, lo ya sabido, pensado o formulado, pero se descuida el campo de la libertad propia y la del hijo o hija, la libertad de acción y de palabra que otorga lo que no puede saberse, lo nuevo de cada relación, lo que no está escrito de antemano. Se observa que no hay lugar en la familia para las tonterías, los juegos, las fantasías, los sueños, ni tiempo para esperar o escuchar algo propio, original e inédito que provenga del otro, del semejante. La pregunta, la duda y la perplejidad quedan taponadas con respuestas, normas o saberes que eluden la singularidad, la presencia del tiempo histórico.

Hay que tener en cuenta que los padres padecen la misma detención, el mismo congelamiento de la estructura deseante que la anoréxica grita con su síntoma; por eso, cuando consultan por la enfermedad de la hija, es importante escuchar su propio llamado en tanto padres, que se expresa en su sufrimiento, sus sentimientos de culpa y de impotencia, orientándolo de forma que puedan beneficiarse del trabajo terapéutico.

Así pues, la anorexia expresa el rechazo del sujeto a quedar tragado por el circuito de la necesidad. Rechazo de los bienes materiales y morales, insubordinación existencial que clama por hacer presente que la única necesidad, la única exigencia imperiosa es la relación, el vínculo con otro. El rechazo de la comida, de la menstruación, de la sexualidad, el rechazo de ser un cuerpo a nutrir, es la única manera que encuentra de afirmar un deseo, aunque sea el deseo de no desear.

Vemos entonces que la pérdida de peso, la pérdida de regla, la pérdida de interés por el mundo, características de la anorexia, emergen como un intento de desembarazarse del dictado de la necesidad y la norma, de inscribir algo del orden del deseo: intento sintomático, y por tanto logrado y fallido, puesto que la anoréxica, mediante el costoso rodeo de su síntoma, se convierte en portavoz silencioso e involuntario de esa tiranía de las certezas y las respuestas, al tratar de conservar la identidad del ser, de alcanzar una imagen ideal, completa y acabada.


Algunas palabras sobre la bulimia

La bulimia y la anorexia suelen mantener una estrecha relación pero esto no quiere decir que la bulimia sea el reverso, el negativo de la anorexia. Se pueden entender como dos momentos lógicos diferentes de una misma posición subjetiva. La anoréxica pasa frecuentemente por periodos de bulimia para volver al estado de anorexia. Por lo general, se considera que la anorexia es a la depresión lo que la bulimia al estado de manía. Lo común entre ambas es un duelo, un proceso de elaboración que no termina de producirse: el duelo por la pérdida de un cuerpo inocente, asexuado y natural.

Recomienda
Expertos en Anorexia
Tenemos 87 preguntas y respuestas relacionadas con Anorexia