La Polimialgia Reumática (PMR) es una enfermedad reumática inflamatoria que se caracteriza principalmente por dolor y rigidez matutina en el cuello, los hombros, la cintura y la cadera.

Es una enfermedad que se suele presentar en adultos mayores de 50 años, siendo más frecuente a medida que aumenta la edad. La edad media al diagnóstico es de más de 70 años. Las mujeres se ven afectadas dos o tres veces más a menudo que los hombres.
 

¿Por qué se produce esta enfermedad?

La causa de la PMR es desconocida, aunque se ha visto que hay factores ambientales y genéticos que parecen jugar un papel en su aparición.  Algunos estudios muestran un patrón cíclico en la incidencia, lo que sugiere que pueda haber un desencadenante infeccioso del medio ambiente, tales como el Parvovirus B19,  Mycoplasma pneumoniae  y  Chlamydia pneumoniae . También se ha visto que hay familias en las que se da en varios miembros, relacionándose con algunos genes

Lo más característico es la presentación aguda o subaguda de dolor de hombros bilateral y rigidez, más intensa tras períodos de descanso, pudiendo ser superior a una hora tras levantarse por la mañana. Muchos pacientes también presentan dolor y rigidez en cuello, cintura, cadera. Estos síntomas pueden provocar gran dificultad para girarse en la cama, levantarse de la cama o de una silla, vestirse o levantar los brazos. Otros síntomas que pueden presentar son inflamación leve en las articulaciones de muñecas y rodillas, y rara vez en los pies y los tobillos; y, sobre todo al comienzo de la enfermedad, la mayoría de los pacientes presentan síntomas sistémicos como fatiga, pérdida de apetito, pérdida de peso, fiebre de bajo grado, y a veces, depresión. 

Esta enfermedad se trata con glucocorticoides, ya que son el único tratamiento eficaz conocido. La mayoría de los pacientes tienen una mejoría sintomática muy rápida tras 2-3 días de iniciar el tratamiento con glucocorticoides. La dosis necesaria para obtener una buena respuesta suele ser relativamente baja, y una vez que se ha conseguido la remisión de los síntomas, se debe iniciar la reducción de los glucocorticoides de forma lenta, hasta conseguir la dosis mínima con la que el paciente se mantiene asintomático. El tratamiento es largo, puede durar 2-3 años, incluso hay un pequeño porcentaje de pacientes, que hay que dejarles una mínima dosis de glucocorticoides por un período más largo para que estén asintomáticos.

Si la dosis de mantenimiento de glucocorticoides necesaria para que el paciente esté asintomático es alta, se debe añadir un agente ahorrador de glucocorticoides (como el metotrexato), para disminuir la posibilidad de aparición de efectos secundarios de los glucocorticoides.
 

Se debe realizar la prevención y seguimiento de los efectos secundarios de los glucocorticoides, tales como la osteoporosis, la intolerancia a la glucosa y la hipertensión, para instaurar tratamiento si aparecen.



 

El diagnóstico es fundamentalmente clínico (paciente con más de 50 años, que presenta los síntomas descritos anteriormente durante más de 2 semanas). Ante la sospecha de esta enfermedad el Médico realizará unas pruebas de laboratorio básicas (análisis de orina, hemograma, bioquímica con ionograma, función renal y hepática principalmente, velocidad de sedimentación globular y proteína C reactiva), que podrán ampliarse si es necesario, dependiendo de los resultados obtenidos.

Es característico de esta enfermedad una elevación por encima de los niveles normales de la velocidad de sedimentación globular y la proteína C reactiva.

También puede ser necesario realizar algunas pruebas de imagen, como radiografías de las articulaciones inflamadas, resonancia magnética, ecografía, gammagrafía o Tomografía por emisión de positrones, que nos va a permitir evaluar la extensión de la inflamación y, a su vez, descartar otras enfermedades inflamatorias que se pueden presentar con una sintomatología similar.  

Entre las principales enfermedades que debemos hacer un diagnóstico diferencial, por presentar algunas características comunes, están la Arteritis de Células Gigantes, la Artritis Reumatoide, las bursitis o tendinitis, las espondilitis, la fibromialgia, las miopatías inflamatorias, las endocarditis infecciosas, los tumores malignos. Si los signos clínicos que presenta el paciente nos hace sospechar alguna de estas enfermedades, u otras no mencionadas menos frecuentes, se deberán realizar las pruebas complementarias necesarias que permitan diagnosticarlas o descartarlas. 

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